Manolas y manolos de Lavapiés, la ‘Manolería’, desde la plaza de Lavapiés se extendieron por las calles adyacentes y las transversales a éstas: calle del Tribulete, calle del Sombrerete, calle de Lavapiés, calle del Olivar, calle del Ave María y calle de la Fe.
Los manolos y las manolas, según la creencia de que Lavapiés era la judería madrileña, se llamaban así porque Manuel era el nombre impuesto al primogénito de las familias de los judíos conversos que supuestamente habitaban el barrio de Lavapiés. Pero es notorio que ese nombre era muy común también entre los cristianos viejos, pues deriva del hebreo ‘Emmanuel’ y significa ‘dios está entre nosotros’.
Y todavía hoy en día es muy fácil encontrar manolas y manolos en el multicultural, diverso y castizo barrio de Lavapiés.
Manolas y manolos del barrio de Lavapiés
Manolas y manolos forman parte de la tipos populares madrileños. Junto con chisperos y chisperas de los barrios de Barquillo y Chamberí, majos y majas del barrio de Maravillas y chulos y chulas que acabaron por englobar a todos ellos. En la actualidad son los chulapos y las chulapas de verbenas, procesiones y otros eventos castizos.
Las manolas de Lavapiés vestían con gracia y donaire. Y sobre ellas escribía Ramón Mesonero Romanos: «¿Quién no conoce el campanudo y guarnecido guardapiés, la nacarada media, el breve zapato, la desprendida mantilla y la artificiosa trenza? Con su garbo y prestancia eran unas mujeres irónicas, descaradas y atrevidas».
Los manolos del barrio de Lavapiés eran hombres independientes y arrogantes que repudiaban todo aquello que no fuera lo suyo. Iban ataviados con sombrero alto en forma de punta, capote, calzón y redecilla para recoger el pelo en una coleta. Además portaban encima una navaja que llevaban muy visible para amedrentar a los posibles contrincantes y así no tener que pelear.
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